UN RECREO PARA NO OLVIDAR
UN RECREO PARA NO OLVIDAR
Durante
el recreo Juanequín y sus compañeros jugaban con la pelota en el salón de
clases. Ante tal griterío, el auxiliar Pedro asomó a la ventana para ver qué
sucedía. Juanequín, para evitar el castigo tiró la pelota al tumbadillo del
salón por el pequeño tragaluz de la esquina, pero, uno de sus compañeros le
delató el hecho.
_
¡Juanequín, en este instante subes y sacas la pelota que escondiste allá
arriba! Dijo el auxiliar.
_
Claro que sí. Procedió el muchacho.
Apiló
dos mesas y se trepó por el agujero perdiéndose en el polvoriento hoyo. Todos
sus compañeros reían alborotados.
En
ese instante ingresó la profesora Gloria. _ ¿Qué es todo esta batahola? ¿Todos a
sus sitios!
_
Perdone maestra Gloria, lo que pasa es que… Todavía estaba hablando el
auxiliar, cuando la profesora le interrumpió.
_
Sobran las explicaciones, sé perfectamente lo que está pasando. El auxiliar,
sin decir una palabra más, se retiró del salón.
Todos
quedaron absortos y el silencio se apoderó de todo el salón. Con voz potente,
la maestra empezó a llamar lista:
_
¡Adrián!, ¡Presente profesora!
_
¡Calixta! ¡Presente maestra!
_
¡Juan! ¡Presente profesora! Contestó Juanequín, sacando la cabeza por el
agujero del techo. Entonces todo el salón se llenó de risas.
Pensando
que se trataba de una broma la profesora llevó a Juanequín a la dirección,
exigiendo que trajera inmediatamente a su apoderado. Esta vez, estaba en serios
problemas. Para la fortuna de Juanequín, todos sus compañeros y el auxiliar
Pedro intercedieron por él, dando las explicaciones de los hechos.
Afortunadamente
todo quedó como un mal entendido sin mayores consecuencias. Por tal suceso, Juanequín y sus compañeros
pidieron disculpas a la profesora y al Director y, prometieron nunca más jugar
en el salón de clases.

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